En la reciente comedia cinematográfica Jefes horribles, tres gerentes realmente espantosos hacen que la vida de sus empleados sea miserable. La primera es un ejecutivo cruel que cuelga un ascenso delante de un subordinado como cebo, solo para arrebatárselo una vez que se cumplen sus estúpidas demandas. El segundo es un malvado adicto a la cocaína que hereda el negocio familiar de su amablemente fallecido padre. La tercera es una ortodoncista que acosa sexualmente a su asistente y la amenaza con decirle a su novia que es su culpa.