
Resumen.
En 1974, a un joven ingeniero de Kodak llamado Steven Sasson se le asignó una tarea aparentemente poco arriesgada: ver si había alguna utilidad práctica para un invento reciente capaz de convertir la luz en datos. Construyó un dispositivo que podía capturar imágenes y mostrarlas digitalmente en una pantalla y lo presentó con entusiasmo a sus jefes. Pero cometió un error táctico: Facturó la nueva tecnología como "fotografía sin película". Ese posicionamiento chocaba con la propia razón de ser de su público -ejecutivos cuyas carreras dependían de la venta y el procesamiento de películas-, lo que prácticamente garantizaba una respuesta tibia. En lugar de tomar ventaja en el mercado de consumo, Kodak se mantuvo a la espera durante casi dos décadas, momento en el que varios competidores se disputaban el espacio de mercado.