
Resumen.
Históricamente, la mayoría de las organizaciones han abordado la inclusión de forma secuencial: el género este año o dos, la raza el siguiente, luego la orientación sexual y quizá algún día la discapacidad y la edad. O quizá la clase social. O la neurodiversidad. Por lo general, la inclusión secuencial se amplía desde el centro de poder para incorporar la siguiente característica más "aceptable". Pero, ¿qué ocurre si alguien es una mujer mayor, negra y visiblemente discapacitada? ¿O un hombre indígena, económicamente desfavorecido y autista? ¿Qué pasa con un refugiado sordo que huye de la persecución religiosa, o cualquier otra persona que resulta tener algunos atributos que no son "actualmente incluibles"? La inclusión secuencial deja atrás a las personas.