
Amrita Marino
Resumen.
Hace aproximadamente un año, una amiga me sugirió que me apuntara a una clase de claqué para adultos que se impartía en el centro comunitario de nuestra ciudad. La sugerencia no era tan aleatoria como podría parecer. Durante casi dos décadas de mi juventud, me había encantado bailar claqué en las clases y sobre el escenario. Y cuando me até esos zapatos de cuero negro tras un paréntesis de casi 20 años, me sentí instantáneamente como en casa.